¿Te imaginas al plantel de Santiago Wanderers subiendo a la micro en la icónica bajada de Playa Ancha, atravesando las pintorescas calles de Valparaíso y luego adentrándose por la Avenida España para, finalmente, conquistar el terreno del Estadio Sausalito en Viña del Mar, hogar del Everton, y todo para realizar sus partidos de local? Sé que suena como un gol imposible de mitad de cancha, pero es la realidad que enfrenta el cuadro caturro para el Campeonato de Ascenso y la Copa Chile. Sí, el equipo tendrá que buscar un nuevo hogar futbolístico, ya que el majestuoso Estadio Elías Figueroa Brander estará bajo remodelaciones en vista de la tan esperada Copa del Mundo sub-20 que se celebrará en Chile en 2025.

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Un reto inesperado para Wanderers
El rumor de que Wanderers podría jugar como local en el reducto de sus vecinos viñamarinos ha despertado opiniones encontradas y un aluvión de recuerdos. El presidente del club, Reinaldo Sánchez, no pudo evitar comentar sobre esta insólita situación. En un guiño a la nostalgia, evocó el año dorado de 2001, cuando Wanderers se coronó campeón y dejó su huella imborrable en el Sausalito, derrotando a gigantes como Universidad de Chile y Colo Colo.
La búsqueda de apoyo gubernamental
Sánchez apuntó que nunca «ha sido pan comido» arrendar el recinto viñamarino, y es que, para él, «aquí no hay nada gratis». Necesitado de apoyo, el timonel del conjunto verde contactó al ministro del Deporte, Jaime Pizarro, en un intento por agilizar el proceso burocrático y evitar el colapso de otros estadios como Quillota y La Calera, que ya están en la mira de varios clubes.
Consideraciones de seguridad y logística
A pesar de algunas preocupaciones sobre posibles incidentes de violencia, el presidente wanderino minimizó los riesgos. «Es una contingencia que no es culpa nuestra,» destacó. Y claro, jugar cerca de casa “nos ayudaría mucho con la gente, para que nuestros hinchas no tengan que hacer un viaje de Santiago a Valparaíso cada vez”, concluyó.
Con esta jugada estratégica que se cocina en la pizarra de los directivos, queda sobre la mesa el desafío logístico y emocional que enfrenta uno de los clubes con más tradición del fútbol chileno, cuyo fervor verde no se apaga pese a los cambios de estadio. La pasión por la camiseta caturra parece intacta, lista para dar el pitazo inicial en tierras viñamarinas. ¿Será este el renacer que necesita Santiago Wanderers? ¡Solo el tiempo y el balón lo dirán!

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